Cambios

Es Julio, estás terminando de ultimar tus vacaciones, pero no sólo eso, piensas en lo que vas y no vas a hacer, también en lo que te espera a la vuelta, en ese gimnasio al que vas a ir, esas clases de inglés que debes retomar, ese fin de semana en septiembre que vas a ir a Madrid a pasar un fin de semana con tus amigas, en todas esas cosas pendientes que no has conseguido terminar antes de comenzar tu descanso.

Y estás en esas, con tus cosas en la cabeza, con todo planificado a corto y medio plazo, porque hace tiempo que aprendiste que el largo plazo es incontrolable, cuando pasa algo y todo cambia. A veces es una caída, una persona que se marcha de tu vida, otra que llega, un cambio en el trabajo, te toca la lotería (esto es menos probable), descubres una gran mentira o una gran verdad. No importa lo que sea, el hecho es que todos tus planes se van al traste y cuando recibes la noticia te quedas con una sensación de vértigo increíble.

El viernes recibí una noticia así, cambiaba justo lo que no tenía pensado que iba a cambiar de momento y me sentí justo en ese abismo de ¿ahora qué? ¿ahora cómo? Y entonces, todo lo que tenías planificado dejó de tener mucho sentido, porque el cambio había llegado.

Alguien más sabio que yo me dijo una vez que las cosas que me daban miedo dependían de mí, que la gente no se olvidaría de mi si yo hacía que no se olvidarán, que sólo tendría confianza plena si yo era capaz de confiar de la misma manera, que no podría controlar el cambio que se producía, pero si decidir sobre sus consecuencias.

Así que, aquí estoy, sentada en mi rincón favorito, tomando la segunda taza de café del día, porque me vuelve loca mi café, con el pelo embarrado de henna y cubierto de plástico, porque los cambios, si los afronto sintiéndome guapa, serán un poco más fáciles y porque tener pelazo no es sencillo. De fondo Bruno Mars y en la ventana de atrás, la página de Renfe para estudiar la forma de hacer que las cosas que dependen de mi, me ayuden a seguir con la gente que quiero.

Sólo me queda una cosa, desearos mucha suerte en esta nueva etapa del viaje y daros las gracias por estos siete años a mi lado, por todas las tardes de juego con Hugo, por ver como Ari se convierte en una señorita aún más coqueta y presumida que yo, por estar en los primeros días de Iker, pero sobretodo por haberme dejado formar parte de vuestra familia. Nuestros caminos se separaran en breve, pero sólo eso, nuestros caminos, no nosotros. Os quiero.

Los cambios son inevitables, ahora sólo nos queda seguir viviendo y preparándonos para el siguiente. Es lo que tiene ser Impar.

Nos leemos!!

 

P.D.: Sé que la fotografía no tiene mucho que ver con el tema, pero es un homenaje a mi sobrino. Pasaría tardes enteras recortando dibujos de dinosaurios contigo.

Fotografía: unsplash.com

 

By Impar

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