Con brackets y a lo loco – Capítulo 1

Con brackets y a lo loco

 

Era un sábado por la tarde, yo necesitaba ver algo bonito y quedé con una amiga para ver lo más bonito que se me ocurría en ese momento: Thor en pantalla grande, o lo que es lo mismo, a Chris Hemsworth, más conocido como el macizorro con el que está casado la Pataki. Porque seamos sinceros, ella es muy mona, muy deportista y podrá desfilar para Women Secret, pero todos sabemos que el guapo de esa relación es él. Total, que fuimos al cine mi amiga y yo y a mí se me ocurrió comprar palomitas… Y ese fue el principio del final de mi sonrisa.

Un trozo de maíz se quedó incrustado entre mis muelas de abajo y yo al intentar sacarlo en mi versión más bruta, solo conseguí hacer una herida, que tras días de dolor intenso y pese a lo mucho que me resistí, me llevó al dentista. Llevaba 15 años sin ir,  y claro  con mi historial de falta de dientes y muelas que se pican con mirarlas, tenía verdadero pánico a lo que me podían encontrar y a lo que me podía costar.

Al ver mi boca, mi dentista, con toda la simpatía que fue capaz de reunir me dio la noticia, que antes que la infección que me había hecho yo solita y antes de las 4 muelas que tenía con caries, necesitaba con urgencia ponerme brackets, es decir una ortodoncia en inglés, que así parece que suena menos malo. Del susto y lo que empecé a sudar se me evaporó hasta el maquillaje,  y nada más nombrarlo empezaron a dolerme todos los dientes y encías, incluso chiquitín (mi diente de leche que aún sigue conmigo y por el cual mis dientes de abajo están mal colocados) que no tiene raíz, me producía pinchazos.

Tras esa primera cita inicial, llegaron tres meses en que curé mi infección, arreglé mis pobres muelas con caries, hablé con el ortodoncista y pedí una segunda opinión sobre lo del aparato, no porque no me fiara, si no porque necesitaba agarrarme a lo que fuera para no ponerme esos hierros en mi boca. A veces, puedes ser la persona más segura del mundo, decirte a ti misma que eres especial, inteligente, sensible, divertida etc…, incluso como es en mi caso, donde la modestia brilla por su ausencia, puedes incluso creértelo. Pero te dicen algo tan tonto como ponerte unos brackets y te sientes insegura, piensas que la gente te va a mirar cuando hablas y comes, que se acabó ligar lanzando sonrisas picaronas y que tu pintalabios favorito (mi Russian Red de MAC) nunca volverá a quedar igual de bonito. Aún así, tras confirmar el diagnóstico, di luz verde y comencé con la toma de medidas y demás pruebas previas.

ProSmile / Pixabay

Tengo que reconocer que admiro a los profesionales de la medicina que se dedican a bocas, pies y bajos fondos, porque siempre tienen palabras amables mientras tú les entregas la dignidad de tus zonas más comprometidas. Mi ortodoncista y el chico de administración de la clínica dental han sido los hombres más comprensivos y pacientes del mundo, cuando tras darme la sentencia de dos años de brackets yo sólo era capaz de repetir en bucle “dos ferias con aparato, dos ferias con aparato”. También pensaba en cómo sería no volver a comer un bocadillo de chorizo o de jamón, porque se les ocurre decirme que puedo comer de todo pero no desgarrar como en los bocatas, aunque ese pensamiento lo guardé para mi. Prefiero que piensen que soy una mujer presumida a zampabollos.

La semana que viene comienzan poniéndome o bien la parte de arriba o la de abajo, no sé con lo que me van a sorprender. Estoy un poco asustada, porque aunque sé que es un problema de mierda, es mi boca y siempre le he tenido cierto cariño, aunque no tanto como a mi pelo porque mi pelo siempre está precioso, no habla ni come palomitas y por tanto no me mete en líos. Intento no pensar mucho en ello, pero no puedes evitar pensar en si te va a doler, si podré hablar bien o no (aunque quién sabe si hace que mejore mi pronunciación en inglés), si se me quedará un trozo de espinacas pegado y nadie me dirá nada e iré a una reunión con él, a cuántos años de hacerme trajes de flamenca tendré que renunciar para pagarlo todo…

Así que se me ocurrió que compartir mi experiencia por el blog podría ser una forma de reírnos entre todos de esto y de poner sobre la mesa un problema que está ahí, pero del que nadie habla: ¿Qué haces cuando a tus taitantos, en lo mejor de tu vida y belleza, te colocan ese chisme? Porque de colocarte la mooncup, de insurrección ante la depilación, de tatuajes en zonas íntimas y guarradas varias, hay blogs, videotutoriales, incluso cursos on line… pero de esto… ¿qué? Así que, como contribución a la cultura y a los problemas que nos afectan a las mujeres de joven tirando para mediana edad, voy a democratizar mi experiencia con los brackets y os animo a que si habéis pasado por lo mismo, compartáis con nosotros vuestra vivencia en los comentarios.

Para despedirme y como ejemplo de superación para este reto, quiero que consideremos a Kate Middleton, que sobrevivió un año a su aparato luciendo sus bonitos abrigos, pero con la tristeza de ver cómo Guillermo (príncipe azul de mis tiernos 16 años), se va quedando loncha y cada vez se parece más a su padre… Si ella ha podido, nosotros, los impares, también.

Nos leemos!!

By Impar

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