Entre la inspiración y la mediocridad

Hace calor, mucho calor. Rafa Nadal acaba de ganar su décimo Rolland Garros, (enhorabuena Rafa!!!) y mis vecinos del bajo llevan desde las 2 de la tarde con una fiesta latina y la música a toda pastilla. Tengo ganas de meterles la bachata por sitios poco ortodoxos, pero haré gala de una educación que ellos demuestran no tener.

Pensaba escribir sobre la concentración, sobre lo importante que es poner el foco en las cosas que haces y poner de ejemplo a Nadal. Luego he pensado que no soy un buen ejemplo de ello, porque aunque he desterrado el móvil a otra habitación antes de ponerme a escribir, entre estos dos párrafos he leído los titulares de prensa, me he cabreado momentáneamente con Guardiola y he deseado que le quiten el pasaporte español, a ver en qué país lo dejaban entrenar, y luego he decidido escribir lo primero que se me viniera a la cabeza, es decir, esto.

Vivimos continuamente sobre-estimulados o seré yo que tengo desde hace tiempo la multitarea en mi cabeza y me cuesta horrores hacer sólo una cosa a la vez, a pesar de que sé que esa es la manera en que me sale bien. Acabo de encender el Spotify, he puesto a Vanessa Martin para sufrir un rato con ella y no con otro bailecito latino. En mitad de la primera canción, dejo de escribir y cambio a algo menos profundo, Vanessa me hace pensar y ahora necesito aislarme. Sí, sé que estáis pensando, si no tienes inspiración ni nada qué contar, no lo hagas. Pero soy una fiel creyente de esa frase que dice: “Que la inspiración te encuentre trabajando” y en eso estoy.

Creo que cuando pensamos en el trabajo de un escritor, visualizamos a una persona que de pronto se le ocurre una idea mágica y es capaz de pasarse horas concentrado y ajeno al mundo escribiendo. No es así. Muchas veces tienes que escribir mil tonterías, borrar quinientos párrafos antes de encontrar uno que te guste, hacer diálogos de ascensor con tu vecino soso y entonces te viene ese momento de concentración e inspiración que tanto buscas. Y aún así, cuando acabas y lees el resultado de ese momento mágico, muchas veces va directo a la papelera de reciclaje.

Hacer las cosas bien, no hacer las cosas, hacerlas bien, no es simple. Todo requiere un esfuerzo, una conexión con lo que estás haciendo, (sí, también se puede tener conexión con un excel, con un trozo de tela o con un compilador, cada uno con lo suyo), un querer hacerlo bien. Y es que me he dado cuenta, que la gente no quiere hacerlo bien, sólo quiere hacerlo y salir del paso. Esto pasa en todos los niveles, personales, profesionales, incluso a veces en nuestros momentos de ocio, por pereza no los disfrutamos cómo se debe. ¿Será eso la mediocridad?  Y si es así, ¿somos conscientes de que somos mediocres porque no nos da la gana de ser mejores? Lo dejo ahí, como reflexión para comienzo de semana.

Casi sin darmen cuenta ya he escrito 505 palabras. No debería escribir mucho más, porque los post deben de ser cortos para no aburrir mucho a los lectores. Bueno, un poco más, ¿qué opináis de que @lavecinarubia haya conocido a Jon Kortajarena? La verdad es que me parece super divertida la historia y ella en sí misma, hace falta un poco de humor sano e inteligente en un mundo dónde cada día hay noticias provocadas por nuestra propia estupidez (me acabo de acordar otra vez de Guardiola).

Lo dejo ya. Rafa Nadal tiene 10 Rolland Garros y yo no he conseguido aún publicar mi primer libro, así que me pongo en marcha. Al final la única persona que puede cambiar su propia mediocridad somos nosotros mismos, hagámoslo.

Nos leemos pronto Impares!!

 

Fotografía: unsplash.com

By Impar

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