Escribir y vivir en tiempos de cuarentena

Hace ya tiempo que no escribo, solo me paso por aquí de vez en cuando y por mi diario para dejar constancia de que todo esto que estamos viviendo, está pasando de verdad. Pero escribir, no puedo, no me concentro, no tengo ganas, no tengo ánimos.

Me paso tanto tiempo ahora delante del ordenador o del móvil, que lo último que quiero es pasar más rato frente a un aparato escribiendo. Puede que tenga que volver al cuaderno y al bolígrafo, es posible que esa sea la solución, puesto que donde más consuelo encuentro ahora es en las tareas manuales.

Llevamos ya más de un mes encerrados en casa. Soy un persona privilegiada porque tengo un espacio bonito para estar, con trocitos de libertad o terraza donde disfrutar del aire libre y además tengo trabajo y muchos proyectos en los que estar ocupada.

Todos los días hablo con mi familia y con muchos de mis amigos, he redescubierto el placer de disfrutar de la comida casera, leo mucho, hago deporte en casa y ahora el ritmo frenético de vida que llevaba antes me parece una locura.

De toda la libertad que tenía antes, solo extraño las pequeñas cosas, caminar, estar con mi familia, el café de las 10 y media con mis compis, el contacto. Las pequeñas cosas siempre son las más valiosas.

Hace ya unos días se fue de mi vida alguien a quien quería mucho, no por esto, si no porque se tenía que ir, así funciona esto de vivir. Quizás lo más importante no era lo mucho que yo la quería a ella, sino lo mucho que yo sabía que me quería a mí. Pienso todos los días en ella, en cómo fue su vida, en si hizo todo lo que le hubiera gustado hacer, en si dijo todo lo que tenía que decir. Y sobre todo imagino dónde estará, porque necesito saber que está en algún sitio y que está bien, tranquila, preparando rosetas dulces para alguien, como cuando me las preparaba de pequeña a mí.

Estoy leyendo un libro que se llama «Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes». Cuenta historias de mujeres que han cambiado el mundo. Pienso en mis abuelas, en mi madre, en mis tías, en cómo serían si hubieran tenido las mismas oportunidades que he tenido yo. A lo mejor yo no existiría ahora. Ojalá y muchas niñas puedan leer esos cuentos, cuando mis sobrinas sean lectoras se los regalaré para que entiendan que solo depende de ellas el llegar a ser lo que quieran.

Quedan al menos dos semanas más de encierro. Seguiré paseando por las cuatro paredes de mi casa, haciendo yoga en la terraza y trabajando en el salón. Quiero seguir creyendo que todo esto no es más que una oportunidad que nos da la vida para que al volver a salir hagamos las cosas bien, valorando las pequeñas cosas a las que antes no prestábamos atención, dándole su sitio a todas aquellas personas que no han dejado de trabajar para que todos estemos bien, recordando que al final, lo único importante, es la gente que te quiere.

Nos leemos pronto Impares!

Photo by Robert Anasch on Unsplash

By Impar

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