Hace mucho tiempo

Hace mucho tiempo, cuando la vida parecía más sencilla, todos los 8 de diciembre nos intentábamos juntar la familia para celebrar el cumpleaños de mi abuelo. Había velas, bizcocho o tarta y gente sentada alrededor de una mesa para cantar que había pasado otro año más.

Hace mucho tiempo, todavía vivíamos todos juntos en la misma ciudad, la ciudad donde nací y me crié, donde jugaba con mis primas/os, donde paseaba por sus calles y pensaba que nunca me pasaría nada. Nunca me pasó. Pero me fui, nos fuimos casi todos, por los estudios, la mayoría por el trabajo, por amor, o simplemente porque ahora que todo está tan conectado, ningún lugar te parece lejos.

Ya no vive nadie en esa casa en la que los 8 de diciembre nos reuníamos. Las costumbres han cambiado, los sitios y las personas también. Hay personas que se han ido y personas que han llegado para ocupar un espacio dentro de nosotros que no sabíamos que existía. Hacemos mudanzas emocionales con casi tanta frecuencia como nos cambiamos ahora de vivienda. Nada ni nadie se queda para siempre, nosotros tampoco.

Los recuerdos son otra cosa. No se mudan de tu memoria. Cuando son buenos, no importa, pero los malos… los malos son como un cáncer, avanzan hasta apoderarse de todo lo que piensas, de todo lo que haces y dices. No te das cuenta de que son solo eso, recuerdos, que ya no pueden hacerte daño, que ya no importan. Pero tú le das importancia, haces que sean más grandes de lo que realmente son, haces que te separen de esa gente que hace mucho tiempo fue importante o querido para ti.

Ahora que se acerca la Navidad, hacemos inventario de todo, de como era la vida hace mucho tiempo, de lo mucho que ha cambiado nuestro cuerpo, del número de canas nuevas, de pelo que se ha ido, de lo mucho que han crecido los niños y de todas las promesas que no hemos cumplido del año anterior. Y entonces, cargados del valor que nos proporciona el azúcar de los mantecados y los grados del alcohol, nos volvemos a marcar objetivos, algunos los mismos que el año pasado, acompañados de un «esta vez si que lo voy a hacer», otros nuevos.

Yo este año me conformo con poder decidir por mí dónde quiero ir, sin mirar a los demás, a lo que hace el resto de la gente, cuidando mucho de mí y de la gente a la que quiero. Porque no quiero pasarme los días pensando en lo que fue o nunca llegó a ser hace mucho tiempo. Porque el tiempo solo cuenta cuando es presente y no existe cuando es pasado o futuro.

Hace mucho tiempo, yo solo era una más y ahora soy Impar.

Photo by Alex Holyoake on Unsplash

By Impar

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