Sábados de pensar

Pensaba esta semana traeros una reseña, esta vez de una trilogía, pero me quedan aún trescientas páginas para terminar el último libro, así que tendrá que esperar a la siguiente semana y esta tendremos reflexiones de un sábado por la tarde.

Primer fin de semana tranquilo que tengo en casa desde hace tiempo y con tranquilo no me refiero a relajado de tiempo para mi, sino relajado de paz mental, aunque de lo primero también, pero porque he corrido tanto esta semana haciendo cosas y preparando comidas que poco más hay que hacer en unos cuantos días. Y he aquí un mensaje para todas las madres del mundo, (porque esto me lo dice mucho la mía), «siempre hay cosas que hacer en casa», pues no, llega un momento en que no, solo hay que querer encontrarlo. Yo lo encuentro con frecuencia.

Siempre que hay cambios tenemos la sensación de que al perder el mundo su equilibrio habitual, tenemos que luchar nosotros para restablecer ese equilibrio, pero no, lo único que tenemos que hacer es dejar que todo se coloque y volver a buscar nuestro sitio. Algo que aprendes con los años, es que por mucho que te indignes, por mucho que te enfaden las injusticias del mundo, no puedes solucionarlas todas, no puedes cambiar a la gente ni puedes cambiar a la sociedad, solo puedes cambiarte tú, o intentar que no te cambien a ti.

En algún momento de estos dos primeros meses de 2019, he olvidado que no tengo un trabajo importante, que no salvo vidas, construyo aviones o influyo en la vida (para mejor) de los demás. Y que escribiendo era como quería llegar a un cambio para mí y para los demás. Te hacen jefa y te aturrullas pensando que ahora tienes que llegar a todo en el trabajo y demostrar muchas cosas a todos, pero cuando coges perspectiva te das cuenta de que a la única persona que no debes fallarle es a ti misma, y que curiosamente eso no es una cuestión de suerte, genética o depende de los demás. Tú eres la única responsable. Por eso estoy tranquila de nuevo.

Así que he vuelto a leer mucho, a escribir a diario, a no saltarme mis turnos de deporte, a comer mucho mejor y a desconectar y a reírme mucho mucho de todo lo que antes no me reía.

La vida se encarga de ponernos muchas trampas, las más complicadas, las de salud propia y de la gente que queremos, y esas trampas con sus caídas si que son dolorosas. No hagamos nosotros mismos la vida más difícil, con el trabajo, con las críticas, con las rencillas y rencores del pasado, con las situaciones que no tienen solución en el presente, con los miedos del futuro.

Muy reflexiva para un sábado por la tarde. Pero quería compartirlo con vosotros, porque a veces nos perdemos en nosotros mismos y todo es mucho más simple, más fácil, pero necesitamos poner de nuestra parte para que sea así y no siempre queremos.

Nos leemos la semana que viene Impares!

By Impar

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