Silencio

Silencio

Shhh… no digas nada, no enciendas nada, fuera la radio, la televisión, el ordenador. No leas nada, no entres en redes sociales, regálate 10 minutos a al día de completa desconexión. Pon el móvil en modo avión, disfruta de la ausencia de sonido basura.

¿Estás preparado? Siéntate en tu rincón favorito, prepárate a estar un ratito contigo mismo. ¿Listo? ¿Te das cuenta de lo que ocurre? La ausencia de sonidos se llena con tus propias voces. Y sí, lo digo en plural porque son varias, como si tuvieras una radio y fueras sintonizando cadenas.

La primera en aparecer será la de las cosas que tienes que resolver, la lista de la compra que no se te puede olvidar, la ropa de la tintorería que tienes que recoger. Si tú trabajo te obsesiona, la voz de «lo que te ha dicho el de marketing» o «ese correo que tengo que poner respondiendo sin falta» o «la reunión de mañana», será la que te acompañe.

Son las que llegan primero por una sencilla razón, no les gusta el silencio. Quieren que estés ocupado para no ocuparte de lo verdaderamente importante de tu vida, de lo que te hace feliz. Te distraen, te llenan la cabeza con miles de tareas por hacer, porque tenemos la falsa ilusión de que el que hace más cosas o está más ocupado, es mejor que los demás, demuestra lo activo o trabajador que es. ¿Nos damos cuenta de lo mucho que nos gusta presumir de lo atareados que estamos o del trabajo que tenemos? Somos completos idiotas.

Con disciplina y bastante autoconocimiento, o con un don natural denominado «pasotismo», conseguimos callar las voces del «tengo que». Y es entonces cuando llega la voz importante la del ¿cómo? ¿cómo voy a sonreír más? ¿cómo voy a tener más energía? ¿cómo voy a disfrutar del camino?

Y es aquí cuando te entra un cosquilleo extraño por el cuerpo, cuando sientes que te toca, que puedes hacer un pequeño cambio para contestar a todos tus cómo. Y te sientes bien, un poquito más contento, más en paz contigo mismo. La vida te ha dado un chute de precisamente eso, de vida. Ahora la clave está en no dejar que ese voz se vuelva a escapar

Pero sigue sin existir pleno silencio y sin embargo, todos necesitamos de él, de escapar del ruido externo y de cada una de nuestras voces. Un reseteo mental de pequeños minutos para escuchar los latidos de nuestro corazón, nuestra respiración, los movimientos de nuestro cuerpo. Yo lo consigo haciendo yoga, otros corriendo, nadando o con ejercicios de meditación. Cada persona tiene su propio secreto para buscar el silencio.

Sin embargo no queremos encontrarlo, nos da miedo llegar a ese punto de ser solo yo, yo sin un gobierno del que quejarme, yo sin un trabajo que me mantenga ocupada 10 horas al día, yo sin alguien a quién criticar, yo y solo yo, con todo lo que eso implica. Reconocer lo bueno y lo malo que hay dentro de nosotros. Porque ambas partes nos asustan.

El silencio, al igual que nuestra mejor versión, es solo para valientes, solo para impares. ¿Te atreves a encontrarlo?

Photo by Kristina Flour on Unsplash

By Impar

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