Ikigai

En la evaluación anual de mi trabajo B, me describieron con un adjetivo que no habían utilizado hasta el momento para ese tipo de análisis. Me dijeron que era fluida, que me desenvolvía con mucha fluidez. Y de eso quiero hablar en esta entrada, de cuando las cosas siguen su curso natural. De nuestro Ikigai.

Hace tiempo escuché que todos hemos nacido con una misión y para cumplirla tenemos un don especial. La vida nos lleva hacia esa misión de una forma natural y nos da ese don para llevarla a cabo. Y todo fluye entonces.

Nuestro problema es que muchas veces no sabemos reconocer ni nuestro don ni nuestra misión y dejamos que sean los demás, y no nuestro interior los que marquen ese camino. A la gente, por lo general le asusta la gente que es diferente, que destaca, por eso hemos inventado reglas, estándares de lo que debe de ser una vida normal, para que nadie lo haga.

Ikigai es un concepto japonés significa «la razón de vivir» o «la razón de ser». Todo el mundo, tiene un ikigai, esa misión. Encontrarlo requiere de una búsqueda en uno mismo, profunda y a menudo prolongada. No podemos encontrar nuestro ikigai en los demás, es decir en un hijo o una pareja, aunque casi siempre nuestro ikigai estará relacionado con ayudar a alguien.

Voy a matizar este punto, que luego me pegan los que son padres. Por un hijo se siente un amor inmenso, interminable y un sentimiento de protección igual de poderoso. Y es lo natural, lo fluido. Pero amarlos, cuidarlos, nunca debe de confundirse con esa misión interior que todos debemos cumplir. Ellos tienen su propio ikigai y nosotros el nuestro y cuando lo encontramos todo tiene sentido, todo encaja, todo es fácil.

Personalmente siempre he creído, desde pequeña, que todos tenemos una pequeña gran misión que cumplir y cuando conocí el término ikigai, supe que siempre estará relacionado con ayudar a los demás, con sumar. Puede ser a través del arte, la tecnología, las finanzas, el cuidado a los demás, la salud, la comunicación, la comida, la educación, el transporte, la naturaleza, del deporte… Las opciones son infinitas, tanto como podemos serlo nosotros.

Sé que cuando escribo estos artículos pensáis que me he fumado algo. Hace unos días conté que me levantaba a las 6 y media para escribir antes de irme al trabajo y me dijeron cosas como: «ufff, yo no podría», «pues sí que te tiene gustar», «madre mía, yo ni loc@». Nadie entendió que escribir, sacar de mi cabeza las palabras en un papel, en este caso ordenador, es lo natural en mí, que no me supone un esfuerzo, es mi Ikigai, mi don y que estoy trabajando día a día en él, paso a paso. Y eso me hace feliz.

Nos leemos Impares! Buscad vuestro Ikigai.

By Impar

1 Comment

  1. Niña diferente

    Descubrí el término ikigai al leer sobre los centenarios de Okinawa. Dieta, actividad física y relaciones sociales son factores clave para que la tasa de población que supera los cien años de vida sea llamativa en esa isla, y más con respecto a occidente; pero, aparte de estos condicionantes tan obvios, también se menciona el ikigai. Yo no lo interpreté como una «misión», como tú escribes, sino más bien como un sentido que tiene la vida de cada persona. Me resultó curioso y terminé leyendo un libro de Héctor García que se titula así. Sin ser nada extraordinario, me gustó (por si quieres apuntarlo…jeje).

    Quizás es algo que ni nos planteamos cuando en la madurez llevamos unas existencias locas, de ritmos vertiginosos, llenas de estrés y sobradas de automatismos y en la vejez se tiende a la dejadez personal, volcada en ser soporte de hijos/nietos (y al final los ancianos no viven su vida, sino a través de los seres a los que cuidan, tal como describes) y horas muertas de televisión. No siempre es así pero sí bastante común.

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