Elige tu propia novela – episodio 2

Tal y como habéis querido, ganó la opción B con un 54% de vuestros votos.  Os dejó la continuación y dos semanas para que votéis bien en redes sociales o bien en los comentarios, la continuación de la historia.  Y si aún no habéis leído el primer capítulo, os lo dejo aquí.

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Capítulo 2

Ante la duda, y aunque sospechaba que era Fran regañándome porque iba tarde de nuevo, decidí consultar el teléfono:

«Churri, llevo 10 minutos esperándote. No te habrás olvidado que habíamos quedado, ¿no?»

Joder, que tío más pesado. No, no me olvidado de ti, pero parece ser que tú si te has olvidado que odio que me llames Churri, Gordi, Cari o cualquier diminutivo cursi que acabe en i. Si supiera que mi lívido desciende hasta el inframundo cada vez utiliza uno de esos nombres no los utilizaría tanto. Pero supongo que no se puede pedir todo en esta vida, un tío listo, guapo, saludable y sin vicios indeseables salvo el de las cursilerías románticas.

«Estoy cerca. Llego en 5 minutos».

Estoy a dos calles del piso de Fran. Hagamos un repaso rápido de todo lo que necesito para afrontar las siguientes dos horas:

¿Bragas? Llevo unas bonitas color rosa, con algo de encaje.

¿Sujetador? A juego.

¿Calcetines? Sin agujeros y presentables.

¿Depilación? Nunca podré agradecerle lo suficiente al que inventó al láser, ni a mi  misma por invertir antes en eso que en un coche.

¿Aliento? Saco un chicle de menta del bolso y arreglado.

¿Apetito sexual? Joder… ojalá no me hubiera dicho Churri, hubiese preferido una guarrada.

¿Olor corporal? Ducha mañanera, pero entre ir al colegio, a la peluquería, subir hasta aquí y los 4 tramos de escaleras que tengo ahora que subir, vamos a dejarlo en duda razonable.

Llego a su casa. El portal siempre está abierto y por supuesto sé que la vecina cotilla del bajo está esperando a ver como Mariana, es decir yo, la hija de los Moreno, los de las panaderías, viene a su cita semanal de los martes con el chico de los García, los que tienen los olivos llegando ya casi a Martos. Como siempre, contengo las ganas de sacarle un dedo o una expresión tipo, «vaya al Parque del Seminario con su marido que se está hartando de mirarle el culo a las niñas», porque lo bueno de volver a vivir en Jaén, es que a diferencia de en Barcelona, aquí es mucho más fácil conocer la vida y pecados de tus vecinos.  Así que  subo con resignación y un poquito de asfixia los tramos de escalera y espero a que Fran abra la puerta.

– Has tardado mucho Chu…

Beso a tiempo para evitar la catástrofe.

– Tenía jaleo en la peluquería.

– ¿Señoras mayores con ganas de ahuecarse el pelo?

Se ha ganado otro beso, porque me hace gracia que sepa las cosas que odio, así que mientras contesto, suelto el bolso en el suelo y comienzo a desabrocharle la camisa.

– Señoras no tan mayores con ganas de tener rubio de bote chocho morenote, que llegan tarde a la cita que les doy. Por supuesto luego quería rizos bien marcados y flequillo ahuecado.

– Look Mercedes Alcantara.

– Aja…

Y comienzo a ser más insistente con los besos porque he llegado a ese punto en que lo bien que huele me hace ser poco racional y no quiero seguir hablando de mis clientas.

– Sé que lo que te voy a decir puede parecer poco romántico, pero viniendo hacia aquí he visto el camión de Desatranques Jaén y he pisado una mierda tamaño catedral. ¿Crees que eso me da derecho y oportunidad a un doble polvo?

Fran se ríe y me mira con picardía. Me coge tipo película y vamos hasta el dormitorio mientras me besa. Cuando me deja en la cama, me susurra: «tú si que sabes poner caliente a un tío».

(Y lo que pasa después, lo vamos a dejar a la imaginación, porque odio los libros donde te describen un porrazo de 15 minutos durante 5 páginas).

Cuando el baile acaba, después de nuestro ritual de ir al baño, siempre nos gusta estar un rato tumbados hablando de cómo nos van las cosas. Casi como si fuéramos una pareja normal, no un par de locos que se ven un par de días a la semana a la hora de comer y ocasionalmente los fines de semana que no tengo al niño.

– ¿Qué tal el mundo de los impuestos de nuestros vecinos? – le pregunto.

– Casi tan emocionante como el de los moldeadores. ¿Qué tal Marcos?

– Esta semana más tranquilo. Le he prometido que vamos a ir a ver la nueva de Parque Jurásico y ya sabes lo que le gustan los dinosaurios. Así que se está portando bien.

– ¿Ha vuelto a tener más problemas en la escuela?

– No. La semana que viene tengo que ir a recoger las notas. A ver qué me dice el tutor.

Me reincorporo de la cama y me quedo mirando la luz que entra entre las rendijas de la persiana. Observo su dormitorio, más ordenado y limpio siempre que el mío y luego centro mi mirada en él.

– Dime una cosa, ¿en qué momento dejé de ser una estilista de éxito, con clientela famosa, para ahuecar el pelo de las viejas de Jaén?

Fran acaricia mi cuello y escribe con sus dedos una palabra en mi espaldas. MARCOS. Y yo, sin que me vea, sonrío de tristeza y pienso en mi hermana, en la primera vez que vi a Marcos en sus brazos, en su primer cumpleaños, en el día que la perdí.

– Voy a darme una ducha y comemos.

Dejé a Fran en la cama y me fui directa al baño. Compartir un rato de sexo estaba bien, pero no sé si estaba preparada para hacer lo mismo con mis emociones. Me abandoné al agua y esperé en la bañera a que la calma y la racionalidad volvieran a formar parte de mí. Al terminar, mientras me sacaba, me pareció extraño no escuchar ningún ruido. Puede que Fran se hubiera quedado dormido, le pasa a veces, pero al salir al dormitorio no había rastro de él, ni en su piso. Había desaparecido…

Bien, os toca elegir. ¿Dónde estaba Fran?

A) Escondido en algún rincón del piso para darle un susto

B) Se había ido por una urgencia y le había dejado una misteriosa nota

C) No había ni rastro de Fran ni indicios de que hubiera estado nunca con ella allí

 

Os toca decidir.

Nos leemos impares!

 

 

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By Impar

1 Comment

  1. Javi

    Opción C…. Por supuesto… Es la más misteriosa

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