Elige tu propia novela – episodio 3

Hola Impares,

os dejo con el resultado de vuestras votaciones. Esta vez todos os habéis puesto de acuerdo y habéis elegido la opción C.

Continuamos:

19 preposiciones para estar contigo – Episodio 3

Bajo la cama, dentro del armario o escondido tras el frigorífico, sitios donde ya se había escondido alguna vez para gastarme una broma no había nadie. Terminé de vestirme decidida a irme y no volver a hablarle nunca más, cuando vi una revista sobre el taquillón de la entrada. Leonardo di Caprio sostenía un oscar… pero este año no había ninguna película de Leo, la habría visto… Y entonces, al asomarme a la calle y ver a la gente envuelta en sus abrigos, me di cuenta de lo que pasaba. Marcos, lo había vuelto hacer. Estábamos en marzo de 2016.

Sólo había dos sitios donde podía estar, en el patio del colegio o en su casa, pero ya no tenemos las llaves y no puede entrar como la otra vez, así que tiene que estar en el colegio. En el día que sus padres fueron a recogerlo para llevarlo a comer a por su cumpleaños. Empecé a correr y luego caí en que no tenía sentido hacerlo porque todo el mundo estaba congelado y que no había tanta prisa, aunque Marcos se enfadaría mucho conmigo. Bueno, yo era la adulta y teníamos un pacto, nada de saltos temporales y él lo había roto.

Cuando llegué estaba sentado bajo el árbol, mi hermana Elena estaba agachada frente a un Marcos de 6 años y mi cuñado Manu esperaba en la verja a que salieran. Cuando levantó la mirada y me vio, siguió inmóvil en su sitio, estaba enfadado conmigo. No era fácil para ninguno de los dos continuar sin ellos.

– Creía que teníamos un pacto, sobre lo de hacer estas cosas. – le dije mientras me sentaba a su lado.

– Esta mañana has congelado el tiempo cuando te ha sonado el despertador y te has quedado durmiendo media hora más. Me he dado cuenta – respondió mientras yo apretaba la boca avergonzada porque me hubiera pillado. – No puedes ser tan floja tita, me da hambre cuando me despierto.

Acaricié su pelo rubio y aunque sabía que mi flojera mañanera me había quitado toda la autoridad moral para discutir con él, lo intenté.

– Cariño, hemos actuado los dos mal. Yo no debo congelar el tiempo cuando tenga sueño y tú no puedes viajar al pasado porque en el presente la gente se da cuenta de que no estás. Te llaman el fugitivo en el colegio y no puedo seguir inventando excusas con la bruja de la directora.

– No se debe hablar mal de otros adultos, los desacreditas frente a mi que soy un niño. – dijo el anciano de 8 años que había en él.

– Esto… – leches con el niño, va a resultar ahora más adulto que yo. Lancé un suspiro de desespero, no sé a quién quería engañar, cuidar de un niño me venía la mayor parte del tiempo muy grande. Ya incluso él se daba cuenta.  – Verás, lo importante es que no podemos hacerlo, al menos no por separado. Si quieres volver a ver tus padres, lo hacemos juntos, yo congelo antes todo y damos el salto, así nadie se da cuenta. Pero sólo podremos hacerlo si somos buenos los dos y no utilizamos los poderes durante al menos un mes. ¿Trato?

– ¿En serio? – Marcos recuperó la sonrisa – ¿durante un día entero?

– Tendrá que ser en fin de semana, pero ya sabes un mes sin saltos temporales. Te prometo que no volveré a parar el tiempo, ni cuando no tengas tiempo a hacer los deberes.

Marcos me abrazó y luego se quedó mirando a su madre. Se acercó, le dio un beso a su madre y luego un abrazo en las piernas a su padre.

– Debería estar ahora en el comedor, terminando el postre.

– Sube, yo tengo que volver a… donde estaba. Vuelve al presente y tienes 15 minutos para robarle el postre a quien quieras mientras regreso.

– ¿Por qué cuando vuelvo atrás nadie puede verme? ¿Mamá podía ser vista?

– Porque no podemos interferir en el pasado, podríamos cambiar el presente y el futuro de mucha gente. – Anda vete al comedor, esta noche si quieres hablamos más de mamá y papá.

– ¿Me vas a contar los poderes que tenía mamá?

Asentí con la cabeza. A Marcos le encantaba que le contara las historias de los saltos de su madre. Elena había conseguido retroceder dos siglos atrás. Sólo tenía que tener una imagen clara de lo que ocurrió para ir hacía allí. Marcos tiene la esperanza de que si estudia paleontología podrá conocer los dinosaurios o crear uno de verdad como en Parque Jurásico. Y que remedio, a mí me tocará conocerlos de paso, soy la única que se da cuenta de los viajes y él es único que no se queda congelado cuando paro el tiempo como los demás. Por eso Elena y Pablo me dejaron a mi la custodia del niño, solo yo podría entenderlo, solo él podría comprenderme.

Tendría que tener mucho cuidado conforme Marcos fuera creciendo. Lo único que me faltaba era que alguien se diera cuenta de lo que hacíamos y nos convirtiéramos en una especie de X-men. Lo siento, pero mi barriga aún necesitaba como 5 o 6 operaciones bikini más para meterme en un traje de látex sin hacer el ridículo, además mi madre siempre había insistido en que tanto Elena como yo no comprásemos ropa que nos apretara. Heroínas si, morcillas atadas no.

Regresé al piso de Fran, comprobé que Marcos nos había regresado al presente, me desnudé y me volví a meter en la ducha. Justo ahí descongele el tiempo y me vestí rápido para irme. Le puse una excusa tonta a Fran, que ya estaba acostumbrado a que tuviera que salir corriendo y me fui a mi piso, bueno el piso de Elena y Pablo, donde vivía con Marcos. Necesitaba pasar un momento sola con mis recuerdos. Me preparé un café y me senté en el suelo frente al sofá. Verla de nuevo, aunque fuera congelada, me dejaba echa polvo. No comprendía como Marcos regresaba una y otra vez, para mí era demasiado doloroso.

Las campanas de San Ildefonso comenzaron a sonar y me despertaron de mis pensamientos entonces me fijé en un rayo de sol que entraba a través de la persiana e iluminaba una especie de álbum de fotos que había en la estantería. Lo llevé a mi sitio y comencé a ojearlo. Eran fotografías de Marcos, de cuando nació, de sus primeros pasos. de la primera vez que lo cogí o de cuando Pablo le enseñó a guiñar el ojo. Estaban ordenadas por años y llegaban hasta el 2016, el año que murieron. Pero había algo abultado más atrás y seguí ojeando las hojas vacías hasta que lo encontré. Eran dos sobres, uno con mi nombre y otro con el de Marcos y justo debajo un año, 2019.

Dudé sobre qué hacer, pero finalmente:

Opción A) Abrí mi sobre y encontré una fotografía mía, que ponía «Mariana embarazada», en el anverso

Opción B) Abrí mi sobre y el de Marcos y encontré instrucciones para desarrollar aún más nuestros poderes

Opción C) Cogí los sobres y los escondí en un sito más difícil para que nadie los encontrase. Ya en 2019, decidiría qué hacer con ellos.

Espero vuestra resolución y al final del verano, continuamos con la historia de Mariana y Marcos. Os dejó el resto de capítulos para que os ayude a elegir. Podéis votar en las próximas 3 semanas por aquí en los comentarios, por mail o en redes sociales.

19 preposiciones para gastar contigo – Episodio 1

19 preposiciones para gastar contigo – Episodio 2

Hasta la siguiente entrada. Nos leemos impares!

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By Impar

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