Son aquellas pequeñas cosas

Otro domingo por la tarde. Otra catástrofe doméstica. Si la semana pasada se me pegaron las lentejas, hoy he tenido la genial idea de lavar mis botas de estar por casa con agua caliente. ¿Resultado? A tomar por culo la suela, las zapatillas y media hora quitando los restos de los trapos de limpiar con las que los había metido. Por supuesto, he acudido rauda y veloz a la web de Oysho para ver si encontraba unas sustitutas antes de que acaben las ofertas del Black Friday, pero no hay ninguna con la suela como yo la quiero, así que ahora comienza una dolorosa búsqueda hasta volver a dar con la bota que combine a la perfección comodidad y el estilo que me gusta para estar por casa.

Te pueden fallar muchas cosas en la vida, pero que te falle lo que te hace estar agustito y calentito en casa, duele. No soy una persona que se aferre a los objetos, tengo una gran agilidad para tirar cosas y no le temo a la frase «y si lo necesito después», pero hay determinados objetos, prendas o simplemente cosas que siempre fastidia perder o que se te rompan. En mi caso por ejemplo: mi secador de pelo, la Lissima de Rowenta (no me pagan por hacer publicidad), sin el accesorio de planchado, echa el chorro de aire justo y a la temperatura perfecta para que mi pelazo en su versión lisa o rizada, no se estropeé, no se encrespé y no haya que hacerle nada después. Cuando se me rompió la primera, después de 7 años, me compré dos más, una para sustituirla y otra por si dejaban de fabricarla por culpa de las planchas de pelo.

Otra cosa, mi pinza del pelo, una pinza cutre que me compré en los chinos, pero que en los breves espacios en que se pierde para torturarme, hace que me acuerde de ella cual tesoro. En la lista estaban mis botas de estar en casa, pero ahora se quedan solo mis zuecos de lunares, que tienen el mismo estampado que mi traje de flamenca y siempre me animan a pensar que ya queda menos para otra feria.

Y por supuesto, mi cafetera, Romina, que es más vieja que el soplar, hace un ruido infernal mientras prepara el café y hace que me gasté una cantidad no muy económica en cápsulas, pero que el día que me falle, algo de mí se irá con ella, porque los días no serán lo mismo sin el olor de mis 300 ml de café en mis super tazas de Ikea y sin su sabor haciendo el efecto de una droga en mis sentidos. Para ella, no habrá sustituta, al menos no en su formato, porque seamos conscientes, se nos ha ido la pinza con lo de las cápsulas, contaminan, son caras, no te aclaras con los colores… y no siempre el café está más rico (menos el tuyo Romina). Seguro que George Clooney no tiene una en casa.

Estamos entrando en modo drama por unas zapatillas y no es para tanto. Los domingos, a pesar de que los dos últimos mi vida doméstica me la juega para recordarme que lo mío no es precisamente la labor del hogar, tienen un encanto especial. Cuando estoy en casa, siempre hay un momento que me encanta saborear y es el de recién despertada de la siesta, sobre las 4 y media o así, preparar un té calentito, sentarme en el sofá con la manta en las piernas, en silencio y con la luz entrando por las puertas que dan a la terraza, ponerme a leer hasta que desaparece y empieza a anochecer. Es como momento de inicio de película americana mala, pero es mi momento de la semana.

Sigo avanzando con Todo esto te daré, de Dolores Redondo. Aún no tengo una conclusión de lo que me está pareciendo el libro. Diferente a la trilogía del Baztan, más descriptivo, ahondando en las emociones de los personajes, con menos enganche, pero de momento también menos predecible. Después de 250 páginas, aún no sé qué me va a deparar la novela y de momento tengo ganas de saber más de Álvaro y Manuel.

Y nada más, tenía pensado haceros una reseña esta semana, pero me apetecía más escribir sobre lo que me había pasado, sobre mi, historias de abuela cebolleta, que dicen en mi tierra. Espero que me contéis cuáles son esas cosas sin sentido a las que les tenéis especial apego y nos vemos la semana que viene. Por cierto, esta noche final de Masterchef… dedos cruzados para que gane Paz!!!!

Nos leemos Impares!

By Impar

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