El miedo

Lucía repasaba mentalmente todas las cosas que tenía que hacer a lo largo del día mientras viajaba en el metro. Le preocupaba que si su cita con el médico iba con retraso no llegaría a tiempo de recoger a los niños y tendría que pedirle el favor a su ex, que era la última persona a la que le quería pedir un favor. Además al día siguiente tendría que recuperar las dos horas de trabajo que iba a cogerse para salir antes hoy y en algún momento debería ir a comprar la tela para el disfraz de la obra de teatro de Marquitos.

Pierre no podía concentrarse. Hoy era el día, su día. Por fin se lo iba a decir y si ella le decía que sí, le daría un beso. A las 12, con el mar y los fuegos artificiales de fondo. No podía ser más su amigo, no quería serlo. Y hoy, fuera cual fuera su decisión, serían algo totalmente diferente.

Sandra esperaba en la terminal a que la pantalla anunciase la puerta de embarque de su vuelo. Por fin regresaba a casa. Después de un año probando fortuna en lo que era la Europa más avanzada, volvía con su familia. Ya encontraría algo, no importaba que no fuera de lo suyo, sólo quería volver.

Nunca sabremos si Pierre se declaro, si Lucía pudo terminar el disfraz a tiempo, ni cómo fue el abrazo que Sandra le dio a sus padres. El miedo acabó con todos ellos, con su futuro, sus sueños. Porque eso es el terrorismo y eso es lo que provoca, miedo.

Hace poco, unos compañeros de trabajo se pusieron a recodar dónde estaban el 23 F y lo que estaban haciendo. Yo aún no había nacido, pero recordé cuáles fueron los hechos históricos que más me habían impactado. el día que mataron a Miguel Ángel Blanco y el 11-S. He crecido con el terrorismo de ETA de fondo y me he convertido en adulta con la amenaza del terrorismo islámico. He vivido simulacros en el colegio por bombas, incluso alguna amenaza. Cuando ahora el metro va lleno o voy a algún evento como la Semana Santa o la Feria de Abril, siempre hay un instante en el que pienso, “ufff como le den por hacer algo aquí”. No me da vergüenza reconocer ese temor, sigo haciendo mi vida normal, pero está ahí,  lo asumo y sigo adelante.

El miedo sólo se puede combatir con educación y amor, son las dos únicas fuerzas capaz de disiparlo, pero somos tan idiotas que en vez de crecer como personas en esos dos valores, preferimos vivir en la ignorancia y seguimos dejando que nos llenen la cabeza con creencias políticas, religiosas y además nos convenzan de que nuestra razón es la única y verdadera. No hemos aprendido nada de todo lo que hemos hecho mal, de la Inquisición, las guerras, las matanzas. Y por eso el miedo sigue ganando.

No voy a acabar esta entrada con miedo. Aunque no soy tan idealista como era cuando tenía 17 años, aún creo que podemos cambiar algo las cosas.

Lucía llegó a tiempo de recoger a los niños, Sandra regresó a su casa donde su familia le hizo una gran fiesta, Pierre no llegó a dar ese beso, pero esa noche conoció a la chica con la que se casará el próximo año. Y la vida siguió, la vida sigue.

 

 

By Impar

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