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Primera semana de cuarentena

Ufff, tercera vez que empiezo a escribir esta entrada, porque me pongo y solo me salen cosas malas, quejas de cómo se están haciendo las cosas, a gran y pequeña escala y ganas de gritarle a la gente que no está colaborando. Y no quiero hacer eso, porque ya estamos más que saturados con la realidad y porque el momento de pedir explicaciones será después.

Os cuento qué tal esta primera semana. Yo soy de ese grupo de privilegiados que pueden teletrabajar desde casa. Las circunstancias han impuesto esta medida, e insisto en que han sido las circunstancias y no la humanidad de los líderes empresariales, que por ellos seguiríamos en la oficina, porque creen que ahora estamos de vacaciones. Me caliente, sea como sea, puedo estar en casa.

El teletrabajo, al menos esta primera semana, está siendo bastante duro. No todo funciona como debería, aunque cada vez va a mejor, y sobre todo no va lo rápido que suele ir en la oficina. Las reuniones se han cambiado por videoconferencias y llamadas y a ratos creo que me voy a volver loca de tantas notificaciones… Sí, sé que me vais a decir que las corte, pero si no estás conectada enseguida piensan que estás escaqueándote… por lo que comentaba de las vacaciones.

Intento seguir la misma rutina de siempre, me levanto a la misma hora, me visto cómoda para estar en casa, pero me peino y me maquillo un poco, no para que me vean bien los demás, si no por mí misma, necesito verme bien, sentirme guapa aunque no salga de casa. Hago el mismo horario que suelo hacer en la oficina y sigo más o menos la misma dieta, comida de puchero, verdura, carne y pescado a la plancha, solo que intento que haya menos hidratos de carbono por eso de que nos movemos menos.

Cuando acabo de trabajar, me pongo a recoger algunas cosas de la casa y a leer y escribir un rato y luego hago algo de deporte. Unos días hago clases de yoga (las sigo por youtube) y otros días me pongo a bailar con los videos de Just Dance. Después ceno algo ligero, ducha y a la cama.

Las tardes, si no llueve, las paso en la terraza. Desde allí trabajo, leo, escribo y dejo que me de el sol. Todo parece un poquito mejor cuando estás al aire libre.

He bajado tres veces a bajar la basura y un día salí al super del barrio. No me importa tanto lo de no salir de casa, como el contacto con la gente. El poder salir a tomar un café, charlar, ir al gym… Pero bueno todo volverá estoy segura.

A nivel emocional tengo días de contraste. En general me mantengo fuerte y positiva, pero también hay momentos de bajona y de desánimo. Soy una persona afortunada, estoy en casa, mi familia está en la suya, de momento todos estamos bien, cada uno en una punta del país, pero toda la gente que me importa está bien. Estoy viviendo unas muestras de solidaridad enormes entre los vecinos, la gente que se queda en su casa, la que está yendo a trabajar para que el resto nos podamos quedar, el esfuerzo de la salud pública. También ahora tengo más tiempo, para escribir, para hacer cosas que me gustan, para pensar, para comunicarme con la gente que quiero.

En todo eso pienso cuando me gana el desánimo, cuando veo la prensa o cuando escucho que la gente sigue haciendo lo que le da la gana, o cuando pienso en lo que va a suponer este parón a nivel económico para todos nosotros.

Creo que es importante no sentirnos mal o culpables si tenemos momentos de oscuridad (yo los llamo así) en estos días. Es normal tenerlos, sentirse desbordado, cansado, triste… Por mi experiencia os diré que es mejor sacarlos a flote, desahogarte y luego dejar que se vayan tal y como vinieron. No es fácil verle las 24 horas del día, el lado positivo a esta situación, todos tenemos nuestro derecho de pataleo, pero luego y esto es lo difícil, hay que seguir. Por nosotros, por todos los que están peleando contra este virus, por la gente que queremos, por la gente que sí que vale la pena. Yo quiero estar en ese grupo.

Y también creo que es importante que nos preguntemos, ¿qué vamos a aprender de todo esto? ¿qué vamos a hacer para mejorar o dar un poco de valor a la sociedad? Porque si algo tengo claro, es que esto es una lección de vida, para que cambiemos, para que hagamos todo un poquito mejor. El cómo hacerlo, depende de nosotros, tanto a nivel individual como a nivel sociedad.

Por último, no quiero despedirme sin volver a dar las gracias a todos los que siguen trabajando y luchando para que el resto podamos estar en casa. A los transportistas, a los comercios, a las personas que trabajan en los super, a las que están cuidando de nuestras personas mayores, a toda la sanidad pública, a las fuerzas de seguridad. Gracias.

Ahora más que nunca sabemos que no importa a quién hayas votado o de qué ideología, los que te van a ayudar a salir de esta crisis, siempre serán las personas que tienes a tu lado, las que no tienen un cargo, pero si la fuerza y la solidaridad que ahora se necesitan.

Nos leemos Impares

Photo by Wilhelm Gunkel on Unsplash

By Impar

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